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Chivarse o ser valiente: Reflexiones sobre la delación, la justicia y la ética en la educación

En el ámbito educativo y social, existe una importante diferencia entre dos conceptos que, aunque a menudo se confunden, tienen motivaciones y consecuencias éticas muy distintas: chivarse y denunciar una conducta perjudicial. Esta confusión, promovida en muchas ocasiones por quienes desean ocultar sus propias faltas, genera un entorno tóxico en el que el miedo y la injusticia prevalecen. Este artículo pretende clarificar estas diferencias y reflexionar sobre su impacto en la convivencia escolar.

¿Qué significa chivarse?

El acto de «chivarse» tiene una connotación negativa en nuestra sociedad. Se refiere a revelar información sobre la conducta de otra persona con el objetivo de causarle un perjuicio o desacreditarla. Este comportamiento se caracteriza por una intención de fastidiar o dañar al otro sin que ello beneficie a nadie más.

Un ejemplo clásico ocurre en el contexto escolar: un estudiante que avisa al profesor de que un compañero ha copiado en un examen puede estar buscando que el otro reciba un castigo, sin que este acto tenga un impacto positivo para el bienestar general. Otro ejemplo histórico y más extremo es el de los vecinos que, en regímenes totalitarios como el nazi, delataban a personas perseguidas (judíos, disidentes políticos, etc.) para que fueran arrestadas o incluso ejecutadas. Aquí, el acto de delación servía únicamente para perpetuar la injusticia y el miedo, sin ninguna intención de proteger a otras personas o al propio delator.

¿Cuándo denunciar es un acto de justicia?

En contraposición al concepto de chivarse, existe la acción de denunciar o dar aviso de conductas que ponen en riesgo a otras personas o al propio autor del acto. La intención aquí no es el castigo ni el daño, sino la protección y el cuidado del bien común. Esto es especialmente relevante en situaciones donde hay riesgos para la salud o la seguridad de la comunidad escolar.

Por ejemplo, si un estudiante informa de que un compañero está escapándose del colegio y está cruzando una autopista, su preocupación puede no estar motivada por un afán de perjudicar al otro, sino por el deseo de proteger la seguridad de esa persona, evitar el daño propio, a su familia y compañeros y mantener un ambiente seguro para todos. Este tipo de acciones, lejos de ser un acto de «chivarse», son una muestra de responsabilidad y compromiso con el bienestar colectivo.

En el caso del acoso escolar o bullying, denunciar a los agresores es un acto de valentía. Los bullies suelen crear un entorno de miedo y silencio, utilizando la etiqueta de «chivato» para intimidar a quienes podrían delatarlos. Esto es similar a lo que ocurre en las cárceles, donde impera una ley no escrita según la cual informar sobre una agresión es visto como una traición. Este código de silencio perpetúa la violencia, el abuso y la infelicidad tanto en las aulas como en otros entornos cerrados.

Sin embargo, romper ese silencio es esencial para proteger a las víctimas de bullying. Delatar a un agresor no es un acto mezquino, sino un gesto valiente que busca restaurar la justicia y garantizar la seguridad emocional y física de todos los estudiantes.

Los efectos del silencio cómplice

Cuando el miedo a ser señalado como «chivato» paraliza a los testigos de conductas abusivas, se genera un entorno en el que el abuso y la injusticia prosperan. Diversos estudios sobre acoso escolar han demostrado que el silencio de los compañeros refuerza el poder de los acosadores, mientras que la intervención temprana de testigos reduce significativamente los episodios de violencia. El psicólogo y pedagogo noruego Dan Olweus, experto en la prevención del bullying, ha destacado la importancia de empoderar a los testigos para que actúen, subrayando que el silencio perpetúa el ciclo de abuso.

En este sentido, es fundamental educar a los estudiantes, familias y docentes sobre la diferencia entre chivarse y denunciar por un motivo justo. La formación en valores como la empatía, la justicia y el coraje moral es clave para crear comunidades escolares donde prevalezcan el respeto y la solidaridad.

Conclusión: educar para la valentía y la justicia

Es hora de desmontar el mito del «chivato» en nuestras escuelas. Denunciar una injusticia o una conducta peligrosa no es un acto reprochable, sino una expresión de valentía y responsabilidad. Como comunidad educativa, debemos fomentar una cultura en la que los estudiantes, las familias y el personal escolar comprendan esta distinción y se sientan apoyados cuando actúan para proteger el bienestar de los demás.

Educar en valores éticos exige un esfuerzo colectivo basado en el diálogo y el compromiso, para crear un entorno seguro donde se responda al abuso con valentía y justicia, no con silencio.

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